Blindar el Malecón Contra el "Síndrome Adánico" de Turno
Contra el "Síndrome
Adánico": La ingeniería de gobernanza para salvar el Malecón de Girardot
En el panorama de la
administración pública colombiana, existe una patología recurrente que amenaza
el desarrollo de nuestros territorios: el "Síndrome Adánico". Esta
tendencia de los nuevos mandatarios a creer que la historia comienza con ellos,
y que, por tanto, deben borrar o detener lo iniciado por sus antecesores, es el
enemigo número uno de los proyectos de largo plazo. Para un proyecto de la
envergadura del Malecón de Girardot, que aspira a transformar la relación de la
ciudad con el río Magdalena, el desafío no es solo arquitectónico, es un reto
clásico de gobernanza: ¿cómo lograr que una obra que trasciende cuatrienios
sobreviva a la volatilidad de la política local?
La respuesta no reside únicamente
en los planos, sino en la construcción de un blindaje multidimensional. Un
proyecto de borde de río es especialmente vulnerable debido a la complejidad de
sus permisos ambientales y de navegación, los cuales suelen convertirse en la
excusa perfecta para frenar las obras por revanchismo político. Para evitar que
este sueño urbano se convierta en otro "elefante blanco", es
imperativo desplegar una estrategia de protección en tres capas: técnica,
institucional y social.
En primera instancia, debemos
superar el error de financiar estas infraestructuras como si fueran gastos
menores de la alcaldía. El blindaje financiero exige sacar el proyecto de la
"caja menor" y estructurarlo con visión de Estado. La clave está en
la "llave en mano" técnica: contratar la estructuración y gerencia
con entidades nacionales como Findeter o EnTerritorio. Al involucrar a estos
actores, el proyecto adquiere un sello de calidad técnica que difícilmente un
alcalde local podrá desestimar bajo el argumento de "estudios mal
hechos". Además, herramientas como las Vigencias Futuras Excepcionales
permiten comprometer el presupuesto de mandatos futuros, creando un
"cerrojo" legal; deshacer este compromiso implicaría un costo
político y jurídico tan alto que disuade cualquier intento de sabotaje.
Sin embargo, el dinero no lo es
todo. El blindaje institucional requiere una "triangulación de
intereses". El Malecón no puede ser un proyecto huérfano de la Alcaldía;
debe nacer de un convenio tripartito que vincule a la Gobernación de
Cundinamarca y a Cormagdalena. Al hacer socios a los dueños de la ribera
(Cormagdalena) y al nivel departamental, se garantiza que, ante un cambio de
gobierno hostil en lo local, los socios superiores presionen la continuidad. Asimismo,
elevar el proyecto a una categoría de "Importancia Estratégica"
mediante documentos CONPES locales o su inclusión determinante en el Plan de
Ordenamiento Territorial (POT), lo blinda frente a los caprichos
administrativos diarios, convirtiéndolo en una política de Estado local.
Finalmente, el blindaje más
poderoso es el social, esa vacuna contra el ego político. De nada sirven los
contratos si a la ciudadanía no le importa la obra. Aquí la estrategia es la
del "Punto de No Retorno": la administración saliente no debe aspirar
a inaugurar todo, sino a dejar 100% funcional un tramo piloto. Cuando la
ciudadanía usa y disfruta los primeros 200 metros de espacio público, se genera
una demanda social que hace políticamente suicida detener el resto de la obra,
tal como sucedió con el Malecón de Barranquilla. Sumado a esto, la figura de
"Obras por Impuestos" involucra al sector privado, cuya reputación
corporativa defenderá la ejecución del proyecto con un ahínco que supera al del
sector público.
Si, a pesar de todo, la voluntad
política falla, el ordenamiento jurídico colombiano ofrece herramientas
coercitivas. A menudo olvidamos que la ciudadanía tiene el poder de activar la
"Acción de Cumplimiento" (Ley 393 de 1997) para obligar a un
mandatario a ejecutar lo aprobado por norma, o la "Acción Popular"
para proteger la moralidad administrativa y el patrimonio público ante el
abandono de obras.
En conclusión, blindar el Gran Malecón
de Girardot es transformar una voluntad política volátil en una obligación
jurídica y social vinculante. El éxito no depende solo del concreto, sino de
tejer una red de seguridad donde la planeación financiera, la alianza
interinstitucional y la apropiación ciudadana hagan imposible el retroceso. Es
hora de dejar de quejarnos únicamente en redes sociales y empezar a usar las
herramientas de gestión y jurídicas que garantizan el futuro de nuestra ciudad.

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